UN DESPERTAR INESPERADO, UN CAMINO DIFÍCIL Y NUEVOS PASOS HACIA LA EDUCACIÓN QUE SOÑAMOS.


Esta es una crónica en la que el docente de Contaduría de la Facultad de Ciencias Económicas, Contables y Administrativas FACECA, Andrés Felipe Aguilar, destaca el cambio inesperado en la educación y la resiliencia para adaptarse a los nuevos retos.

Por Andrés Felipe Aguilar Burbano.

“El hombre aprende más de la adversidad que de los triunfos y las cosas fáciles, no seríamos lo que somos si no tuviéramos una coyuntura dramática y adversa. En las situaciones difíciles la imaginación trabaja”. Evocar estas palabras, del exmandatario uruguayo José “Pepe” Mujica, en el momento histórico actual es, ciertamente, una invitación a reflexionar sobre los retos que estamos afrontando como estudiantes y docentes.  Esa premisa resume la labor que hemos llevado a cabo como programa de Contaduría Pública, en un intento complejo de reinventar la educación, de crear formas y maneras de enseñar, para acoplarnos, con la menor conmoción posible, a un mundo que despertó en una realidad virtual.

En los últimos meses, más que como programa, como comunidad educativa, logramos enfrentar una adversidad que alteró el orden de lo establecido y nos forzó a cambiar. No sabemos en qué devendrán los cambios que hemos adoptado, tal vez, retornemos a la normalidad académica, o quizá, nos preparamos para emprender un camino distinto, mucho más diverso, resiliente, empático y solidario con nuestra formación. Cualquiera sea el futuro, lo cierto es que, nuestra responsabilidad está en educar y educarnos para convertirnos en sujetos activos que contribuyamos a mejorar las condiciones sociales de un mundo en crisis.

El esquema de lo que constituye la educación ha estado circunscrito a una tradición casi ceremonial, a la que acudimos por inercia desde muy pequeños. Ya en nuestra etapa escolar empezamos a concebir la idea de la educación como un proceso que se realiza de forma mecánica, secuencial y repetitiva; asistir a un salón de clase, escuchar el discurso magistral del profesor, presentar trabajos, evaluaciones, aprobar asignaturas y titularse, es la ruta marcada.

Sin embargo, la experiencia actual ha roto esta tradición y ha desdibujado la idea del aprendizaje como un proceso lineal; el nuevo escenario nos condicionó a encontrar otros caminos para educar, a diseñar recursos y a utilizar tecnologías. En un sistema de información que se articula en red, ahora somos navegantes, obligados a sortear un sin número de banalidades, para acceder a información relevante, y así construir un conocimiento que responda de forma coherente a las necesidades de un entorno social y ambiental cada vez más complejo.

Cuando nuestro carrera de Contaduría Pública de la Facultad de Ciencias Económicas, Contables y Administrativas – FACECA de la Fundación Universitaria de Popayán – FUP, se convirtió de un momento a otro en un espacio intermediado por las TIC’S, empezamos a ser conscientes de aquello que perdimos. Añoramos el encuentro y con él ese coctel de emociones que solo se produce cuando interactuamos en las aulas. La esencia de lo que somos como seres humanos se expresa en la alegría, la angustia, la tristeza, la ansiedad, la euforia; canalizadores que posibilitan el aprendizaje porque comunican  y expresan de forma tan profunda, que expande los límites del lenguaje. Pero, así como perdimos, logramos otras victorias, pues, a pesar del temor,  nos adentramos en un escenario difuso para descubrir entre todos herramientas e instrumentos útiles para acceder a nuevas fuentes de información, para almacenar, organizar y compartir materiales, para interactuar de forma colaborativa; hicimos de la imagen un medio de comunicación y detrás de las computadoras creamos materiales educativos con programas y aplicaciones que apenas conocíamos; con un universo aún inexplorado, las posibilidades que ofrece la tecnología para aprender pueden ser infinitas.

No podemos hacer un balance entre aquello que perdimos y lo que ganamos porque son aspectos incomparables, de lo que si podemos estar seguros es de que una vez nos reencontremos, la tecnología nos habrá dotado de nuevas formas de aprender. La humanidad regresará al mundo y el futuro dependerá de las manos y las conciencias de aquellos que hoy, a pesar de la crisis, decidieron tomar otros caminos para avanzar.Tú, que hiciste el esfuerzo por conectarte a la videoconferencia a pesar de las limitaciones técnicas, por leer el libro que dejó el maestro, por resolver la tarea en la plataforma, por estar ahí, con el único fin de aprender, ofreciste ese voto de confianza a la Universidad y demostraste como los grandes cambios empiezan con pequeñas acciones.

Muy pronto nos volveremos a ver con la esperanza de habernos transformado, con la mente mucho más abierta para reflexionar de forma profunda sobre el mundo que queremos construir; valoraremos más que nunca la posibilidad de compartir en el aula, y con las habilidades que juntos hemos aprendido a través de la experiencia tecnológica, crearemos prácticas educativas sin precedentes.

Mas adelante, las nuevas generaciones sabrán cómo logramos perseverar en la búsqueda del saber, sin la necesidad de la vigilancia policiva, y así habremos de reivindicar el aprendizaje como la voluntad de seres libres que se adentran en el inconmensurable mar del conocimiento.

 

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